No, definitivamente no. No es posible franquear puertas, mucho menos atravesar muros, si no te ayudan, si no te dejan pasar.
Ya ves que he hecho caso, que he esperado tiempo, que no he desfallecido en el intento, que lo he intentado todo, con todas mis fuerzas e ilusión.
No, no se puede entrar si no quieren que entres. Es cierto que por momentos parecía posible. Pero sólo era una calculada estrategia para que no abandonase el intento. No te dejan entrar, pero les gusta observarte por la mirilla, a escondidas, fortalece su fortaleza tu inútil deseo.
Ya ves qué grandeza, de la que hacen pública presunción, todo apariencia. La de la cerrazón por el miedo de que veas lo que hay dentro, algo de lo que, por eso es, no están orgullos@s, algo de lo que, de verse descubiert@s, destruiría su solidez, su resistencia, su razón de ser. Un patético círculo vicioso.
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