lunes, 3 de mayo de 2010

José Tomás, morir viviendo

Te llaman loco, y yo te envidio. Porque morirás en plenitud, José Tomás, haciendo lo que amas. Callarán entonces los que dicen que es una pose, una estrategia. Hasta pedirán perdón, aunque les cueste, porque será falso, como siempre. Y entonces llorarán por ti. Por irrepetible. No digo mejor que nadie, sino distinto. Irreemplazable para alguien, seguro, pena no darse cuenta antes, otra dura experiencia vital. Quedará tu recuerdo, pero no vale. Es como verte en vídeo, artificial, obsceno. Porque el recuerdo, alejado de la mirada, tu mirada, y de tu lenguaje, tan sobrio, como el verbal, se enmascara y se tiñe de lo que queremos, de nuestra verdad. Y nuestra única verdad es que ni quisimos ni fuimos capaces de apreciarte en vida. Pensábamos que siempre estarías ahí, que en cualquier momento nos podríamos acercar a ti, disfrutaríamos contigo. Yo, al menos, tuve ocasión de verte en Pontevedra, en una lamentable tarde, bussiness is bussiness, Galicia is not Spain, aquí no hay tradición, casi ni detractores siquiera, aunque enorme ambiente, lleno de peñas de todo tipo de peña.

No será así. Esta vez, el médico mexicano te salvó la vida al no aplicarte la anestesia. Habrá más, quién sabe cuántas. Pero de nada vale nada decir si no interiorizamos la necesidad, y aquí no se ve, no hay interés, se prefiere la apariencia a la honestidad, vivir, amar, aunque sea a medio gas.

Y los maestros, los grandes, en cualquier género, desean pasar desapercibidos generalmente, incluso para l@s más curios@s. Porque grandeza es humildad y modestia, y es vivir sólo en plenitud, lo que yo digo y no lo que yo hago, que ni valor tengo de saltar de espontáneo.

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