Poco y Mucho, cerca y lejos, todo o nada, antónimos cuyos significados nos explicaban los ahora canosos Epi y Blas, y que, sin embargo, tenían otro sentido hace unos meses, hasta hace unos días.Pero… ¿habéis hablado?
Poco y Mucho.
(Sigue, eh, si queréis la versión "larga", con mucho texto, lector@s curios@s, que quizás nada sabíais).
No entiendo.
Hemos hablado muy poco. Poco tiempo, pero (perdón) mucho más que todo el tiempo que, hasta entonces, había pasado, cuando hablábamos tanto, mucho, pero poco, nada.
Sigo sin entender.
Por fin hemos hablado, si. De lo importante, de lo que nos hacía falta hablar. De lo que huíamos, de lo que nos negábamos a enfrentar, siquiera comentar, en un engaño común, tácitamente pactado.
Por fin hemos hablado, sí. Honestamente. Por fin, con el corazón en la mano. Y a la cara, siempre a la cara. Sin esquivar la mirada. Ni las lágrimas, si llegasen. (Mejor así que las que llegan a solas, por no hablar, por no querer saber, por miedo a la verdad).
¿Y ahora?
Uf! Ahora aún queda mucho por hablar, no tanto del pasado, sino de presente y futuro, sea cual sea, sin evitar lo importante, sea cual sea el resultado de poner las cartas boca arriba, airear los trapos sucios, desproteger las entrañas. El silencio ya no será excusa. Nadie dijo que fuera fácil, sino mejor. Ya no tenemos miedo, o sí, pero distinto, porque sabemos que tenemos que hacerlo, los dos, antes o después, más temprano que tarde, que no hay otra opción.
¿Es un compromiso?
Y una necesidad.
(...)
3 comentarios:
Bien. Por ahí había que empezar.
Sí, tres años son muchos para entregar sólo una parte, y esconder la realidad, sea cual sea, por los motivos y vivencias que fuesen causentes, aunque duela. Pero el tiempo jugaba su papel, antes lo normal hubiera sido la coz sin adiós, y ahora, al menos lo ha dicho, va a primar la sinceridad, la honestidad, la mirada directa al hablar de lo que tanto y tan importante se ocultó, sea lo que sea, duela lo que duela, menos que ese engaño mutuo que es la imposibilidad de sincerarte con quien quieres. Al menos, descubrió que, como quien insulta sólo se denigra a sí mismo, quien hiere realmente se está haciendo daño a sí mismo.
Gracias por estar ahí, y sí, aunque no lo preguntes ni lo creas, yo sí creo que esta vez será sincera, que no hay marcha atrás a la honestidad.
era, otra vez, mentira
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