viernes, 14 de mayo de 2010

José Emilio Pacheco, poeta

Ya sabéis, ni obituarios ni aniversarios, tampoco "días de" ni excusas similares para publicar entradas. Para eso están los otros, blogs y autores, medios y propietarios. No es el caso. Por conocido, conocida, que sea ahora su imagen desde la reciente entrega del premio Cervantes 2009, no, por eso no entra hoy aquí José Emilio Pacheco. Si está, es porque se lo merece, es decir, porque a mí me gusta, y para compartirlo, antes de su obituario.

Es cierto que ahora es popular, y que su humanidad ha chocado en ese planetario de estrellas que son ahora los escritores los nuevos divos, con honrosas excepciones -entre las que no se encuentra Julián Marías, pobre padre-.
Pero que no nos engañen. El premio Cervantes es un dispendio más del erario público, de nuestros impuestos, más grave hoy en la crisis que asola a l@s más desfavorecid@s, para que los Reyes de España salgan en la prensa y edulcoren su imagen. Marketing real, algo que no supo hacer Alfonso XIII, y en lo que no debemos caer.

Lo de menos es el autor, o no, vende más uno mediático, o, como no había, uno enfermo, pobriño, aunque haya que traerlo de México, de la República de México (porque en América los únicos reyes que tienen son los Reyes Magos).

¡Qué más dá su trabajo! Eso lo han valorado los asesores regios, que habrán transmitido de José Emilio Pacheco desgarra una poesía directa, muy personal y honesta, de la experiencia y de la soledad, y de la contemplación y valoración de la realidad tal y como es, absurda, como la monarquía y el premio Cervantes, pero invariable y agónica, como la vida misma.

Un maestro. ¡Con lo que cuesta ver la realidad, aun queriendo!

Memoria

No tomes muy en serio
lo que te dice la memoria.

A lo mejor no hubo esa tarde.
Quizá todo fue autoengaño.
La gran pasión
sólo existió en tu deseo.

Quién te dice que no te está contando ficciones
para alargar la prórroga del fin
y sugerir que todo esto
tuvo al menos algún sentido
.


Mar eterno

Digamos que no tiene comienzo el mar
Empieza donde lo hallas por vez primera
y te sale al encuentro por todas partes



Contraelegía

Mi único tema es lo que ya no está
Y mi obsesión se llama lo perdido
Mi punzante estribillo es nunca más
Y sin embargo amo este cambio perpetuo
este variar segundo tras segundo
porque sin él lo que llamamos vida
sería de piedra.



Soledad de la campana

Le dice adiós al tañido.
Último son de su bronce,

flecha ardiente en el silencio.
Vaga en busca de los ecos

pero nadie le contesta.


(Más)

2 comentarios:

Lydia dijo...

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ourensan@ dijo...

Otra Jackeline... ¿alguien se acuerda de aquel intercambio de comentarios?