sábado, 15 de mayo de 2010

La dama y la muerte

Sólo por el título ya merece entrar aquí. Es obra de Javier Recio y fue uno de los cortos aspirantes a los öscar y los Goya 2010. No sé qué pasó, perdón, el resultado final, si ganó o perdió, tampoco me importa. Porque es grande, lo que me importa es que es una divertida animación sobre un tema que a todos nos toca. Ojalá cuando se acerque a mí sea igual de divertido… pero algo más rápido.

4 comentarios:

Eulogio Diéguez Pérez (Logio) dijo...

Si no gano seguro que mereció hacerlo.

ourensan@ dijo...

Menteraré!
Saludogios!

Lakacerola dijo...

Un corto estupendo.
Saludos.

ourensan@ dijo...

Malegro que guste.
Y que consuele hoy a los del Madrid y alegre, aún más, a los del Barça.

La verdad, es que a ninguno de los dos nos importaba la muerte. Realmente, la esperamos con tranquilidad, casi con deseo. Porque lo que realmente nos importaba era vivirla en plenitud, sin limitaciones ni dependencias, de ningún tipo.

En el amor, lo mismo. No es casualidad que nuestras despedidas, sus despedidas, fuesen precedidas de nuestros mejores momentos, no recuerdo cuándo me di cuenta, fue hace muy poco. Por eso el tantas veces visto y comentado post del “cine francés y americano”, el amor total o ninguno. Por eso sus enfados y huídas, nada es casual, aunque nunca comentamos nada, quizás fuese el silencio por ese deseo de dar todo o nada, no reducir la pasión y la entrega a razonamientos, ni querer descubrir la sinrazón de tanta separación. Quizás por eso entra aquí, en forma de post que posiblemente nunca leerá.

Sólo un matiz, es lo que tiene ser pureta: Con el tiempo, descubres que la intensidad no es sólo la juventud. Y, en el amor, tampoco en el sexo o en la pasión sobrevenida, no calculada. Que es tan grande desear llegar antes a casa, y renunciar a la fiesta en la calle de la compañía y la amistad, en pasar los domingos de lluvia sin hacer nada, perdiendo un tiempo imposible en juventud, o esperar con una sonrisa su llegada, de tus fiestas. Eso fue lo que le respondí, cuando, un año después, quiso hablar, mejro dicho, preguntar, sorprendido por no haberlo pensado nunca antes, cuando me preguntó “estás enamorado”, ampliando mi tajante “No”.