De cuando estaba vivo, los días, tan cortos, sólo presagiaban días mejores. La sonrisa, perenne, contagiaba, incansable, alrededor. Los sueños, casi se palpaban, la palabra imposible no existía. Sí la ilusión, la felicidad, la ternura, el amor, el deseo, los abrazos, las sonrisas, la complicidad, las manos entrelazadas, los paseos sobre nubes. También el orgullo y la confianza respectiva, pensaba, y el camino hacia un futuro juntos, quería.

Hace tan poco, y parece todo irreal, un sueño.
Lo sería, si no fuese por esta tremenda angustia que hoy me atenaza, me bloquea, me encorva, me envejece, me entristece, me embrutece, me agota y me apaga, ojalá definitivamente, y me recuerda esos días, de cuando estaba vivo.
2 comentarios:
¿Y de donde nacen esas palabras si no es de las brasas que todavía mantienes vivas?.
La tristeza, la angustia y la soledad son males necesarios. Es necesario, quizá, sentirnos morir un poco para apreciar la VIDA.
Un beso alegre, amigo...hoy lo vas necesitando.
Gracias, Elen, eres mi vaso de agua en el desierto.
!Tienes tanta razón! Sólo por recibir besos alegres -¿qué bonito, no?-, los malos momentos han tenido su sentido.
¿Los míos? Al menos, siempre sinceros.. y, hoy, con un guiño cómplice (queda falta dar gracias por un beso , ¿no?).
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