Por San Juan, recibo un regalo: un precioso ramo de rosas blancas. Ni doce, ni trece, son catorce, nada es casual. Llega con retraso, aunque era el día, la noche más bella, más larga y más simbólica del año, los mejores recuerdos, y con la fecundidad y el fuego como metáforas de futuro y limpieza de lo negativo. No he querido acercarme a olerlas, temo defraudarme, más. Es hermoso, más que por sorprendente, por ser perecedero, y por su significado, me lo dijo el jardinero: “rosa blanca, inocencia, amor sincero, sin contrapartidas, ya repleto de paz y satisfacción por serlo”, pero, acabó, con mirada seriosa, “también miedo, y, en Oriente, recuerda, el color blanco simboliza la muerte”. Me quedo, como siempre, con lo que la intuición me dicta, con lo que siento, con lo que me cala, generalmente lo no escrito, lo leído en los ojos o grabado, sincero, en la memoria, de pez.
Algo así como lo que, años ha, pero no caduco, el modernista cubano
José Martí dijo, y con tal excusa aquí entra:
Cultivo una rosa blanca
en junio como enero
para el amigo sincero
que me da su mano franca.
Y para el cruel que me arranca
el corazón con que vivo,
cardo ni ortiga cultivo;
cultivo la rosa blanca.José Martí
2 comentarios:
Dos segundos para reconocer la primera estrofa.
...
Mi verso es de un verde claro
y de un carmín encendido.
mi verso es un ciervo herido
que busca en el monte amparo.
...
Celia es una buena compañía para los versos de Martí.
Un besito.
Elen, siempre Elen.
Un beso, sensible y vivo
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